Nota Siete

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Un hombre libre

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Tanto que hablamos y se habla de libertad, en muchos sentidos, no puedo dejar de pensar en una «caracterización» de Jesús que leí en un libro absolutamente maravilloso para acercarse a la Teología (es un libro que ya está en la 21ª edición y se ha traducido al chino, euskera, inglés, lituano, portugués y rumano):

Luis González-Carvajal. Esta es nuestra Fe. Teología para Universitarios.

Se utiliza como material para formar a catequistas en algunos lugares y lo podemos encontrar por la W3 en varios sitios, por ejemplo aquí, más los dos últimos capítulos, aquí y aquí.

Y esta es la cita que quería comunicar (pertenece al capítulo 3: «La ejecución de Jesús de Nazaret») (literal, Ed. Sal Terrae, Santander, 1989, pp. 51-53 de la 12ª edición):

«Un hombre libre

[…] Jesús […] se caracterizó por una insobornable libertad:

Se mantuvo libre frente al dinero y lo inculcó así a los suyos:

“No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis… Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recoge en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta… Buscad primero el Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura” (Mt 6, 25-33).

Se mantuvo libre frente a la ambición de honores y poder:

“Dándose cuenta de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte él solo” (Jn 6, 15).

Se mantuvo libre frente a los poderosos, a los que no parecía temer en absoluto:

“Le dijeron: Herodes quiere matarte (…) y él les dijo: Id a decir a ese zorro…” (Lc 13, 31-32).

Se mantuvo libre frente a los lazos familiares exclusivistas:

“¿Quién es mi madre y mis hermanos? (…) Todo aquel que cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre” (Mc 3, 33-35).

Se mantuvo libre frente a cualquier grupo político o religioso:

“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos…!” (Mt 23, 13-32).

“Había tapado la boca a los saduceos…” (Mt 22, 34).

Se mantuvo libre frente a la ley:

“Habéis oído que se dijo… pues yo os digo…” (Mt 5, 21 y ss.).

“Quedaron asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Mc 1, 22).

Se mantuvo libre frente a los ritos religiosos:

“El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado” (Mc 2, 27).

Y es que la libertad del Cristo era la del que nada tiene que perder:

“No hay nada que dé tanta libertad de palabra, nada que tanto ánimo infunda en los peligros, nada que haga a los hombres tan fuertes como el no poseer nada, el no llevar nada pegado a sí mismo. De suerte que quien quiera tener gran fuerza, abrace la pobreza, desprecie la vida presente, piense que la muerte no es nada. Ese podrá hacer más bien a la Iglesia que todos los opulentos y poderosos; más que los mismos que imperan sobre todo” (Juan Crisóstomo, Homilía II sobre Priscila y Aquila, 4 (PG 51, 203))».

Written by Juan Miguel León-Rojas

noviembre 8, 2010 at 7:06 pm