Nota Siete

Carta al lector

Tesis

«Las cosas pasan y hay que decidirlas de algún modo; no existe una solución mágica única para ellas. Nunca son totalmente blancas o totalmente negras., no basta con leer un código donde se encuentran todas las soluciones del desarrollo ético y el político; tienen más que ver quizá con el arte que con la ciencia. El arte, en el sentido de que nunca se puede aprender del todo, de que hay que estar siempre reflexionando uno mismo, considerando las circunstancias tal como se dan, no en abstracto, sino en un punto determinado, concreto.»
—Fernando Savater [32] (p. 43)

Querido lector:

Es mi deseo, que disfrutes de la lectura de mis escritos, por igual a como yo he gozado de su escritura. Que como rezaba un cartel, de cuya existencia en un saloon del antiguo Oeste, nos habla Óscar Wilde: «Por favor, no dispare contra el pianista. Lo está haciendo lo mejor que puede.» En mi caso, ocurre, que, no sólo soy pianista, sino como poco, además, explorador, descriptor y compositor, con argumentos teóricos y empíricos, pero también especulativos, algunos otros.

Son éstos que tienes en tus manos, en los que más que mudar mis opiniones con el tiempo, se han depurado los impulsos dominantes de mi pensamiento, en busca de un sentido a una ínfima parte de la zaleada realidad que me abruma.

Pero no pienses que estas páginas son un simple relato de lo que acude y pasa por mi cabeza. Tras donde quizás tú puedas ver una simple metáfora, hay mucho tiempo de reflexión y mucha búsqueda de rigor. Si a veces domina la coloquialidad, es fruto del entusiasmo, mas no de la repentización.

Detrás de mis cavilaciones se encuentra el trabajo de muchos, demasiados para poder mencionarlos. Esto es indudable. Por eso, permíteme dirigirme a todos aquellos que se han sentido olvidados en agradecimientos y a esos otros que se busquen en índices onomásticos y no figuren: sólo decirles, que no se preocupen, porque gozan de una más que excelente y apropiada compañía.

Acompáñanos, querido amigo, en nuestro apego a la libertad de vuelo de las ideas —aunque no de la sinrazón—. Escribe con nosotros o junto a nosotros. Que no puede decirse que mudes en liberto, porque nunca fuiste siervo, sino de la cordura y del sentido común, que volatiliza la volatería. Sé de los nuestros y no de la otredad, donde habitan enjalbegados seres, escutiformes y liberticidas, ellos.

Lo que podrían contener estas páginas, en teoría, «tiende» al infinito. En ningún caso he pretendido, ni siquiera, acercarme a la exhaustividad de mis propuestas, pues creo que son revisables de continuo desde la auto(¿r?)-reflexión y desde tu y su estratos extrínsecos.

Debido a su naturaleza, insisto, están inacabados, aunque creo que he conseguido que lo dicho en ellos, vaya más allá de la mera indicación. Por todo ello, tengo la esperanza, rayando en el egoismo, de despertar la curiosidad en tí. Busco mi enriquecimiento, mi perfeccionamiento, y por ello, doy la bienvenida a cuantos pensamientos juzgues a bien obsequiarme, por los que te adelanto mis más candorosos agradecimientos.

Una vez que decidí comenzar a escribir estas páginas, entre las dudas que me asaltaron figuraba hasta dónde debería profundizar la redacción de los temas preliminares y colaterales. No es fácil dar una respuesta simple a esta cuestión. Te dejo a tí, querido lector, decidir si mi elección fue la acertada.

En cuanto a las citas y referencias, gozo pensando en las palabras de Bruno Latour:

«Un artículo que no contenga referencias es como un niño sin acompañante que camina de noche por una gran ciudad que no conoce: aislado y perdido.»
Bruno Latour [33] (pp. 32-33)

Te pido perdón por aquéllas que pueda haber malinterpretado o errado en su vaciado. Ya lo decía Ambroise Bierce:

«Cita: acción de repetir de manera errónea las palabras de otro.»
—Ambroise Bierce, Diccionario del diablo

Mi propósito ha sido siempre ilustrar, y nunca alardear —si bien, he notado que se ha deslizado algún que otro párrafo generado por una máquina generadora de frases altisonantes (MGFA) que me presta de vez en cuando un buen amigo—. Por cierto que, aunque la máquina de mi amigo no es de dominio público, pese a mi insistencia en que así lo fuese, el lector interesado puede encontrar interesantes, como ideas primarias dos de estas máquinas que alardean de hacer alarde (aunque más básicas que la MGFA): una es la máquina Generador Sistemático de Frases de Moda (Systematic Buzz Phrase Projector) de Philip Broughton, y otra, la Máquina de hacer exámenes de Warren Leslie, que con el módulo ad hoc adecuado, es capaz de satisfacer a los más vanilocuentes etimólogos.

Estoy obligado a solicitar tu perdón anticipado, por alguna que otra vez que te haré pensar en vano; por mis titubeos, escarbaduras, repeticiones y tanteos inconclusos; y en general, y pese a mi constante preocupación, por todas las erratas, faltas y defectos que te encuentres. Aunque, con toda seguridad, descubriré los que se escondieron, una vez encuadernados, espero haber reducido su número y su importancia a una proporción aceptable. Ni que decir tiene que el único responsable de todos y cada uno de ellos es quien suscribe.

También te pido disculpas por no haber llevado a cabo una revisión realmente crítica y prácticamente exhaustiva de todas las reflexiones de los demás, que preceden a las mías. De corazón, lo hago lo mejor que sé y puedo.

Podrás estar o no de acuerdo con lo que escribo, pero en mis ensayos no es mi meta tu convencimiento sino tu incomodidad, tu perturbación. Mi propósito es animarte a «repensar» la realidad, al menos una ínfima parte suya. A que nunca abandones la pesada carga de pensar por tí mismo. A que encuentres en mis escritos ideas y conceptos, que de alguna u otra manera intuíste, o que ahora, de sopetón, adivines.

De corazón te digo, querido lector, que si, tras la lectura de cualquiera de mis escritos, en tí nada ha cambiado, no dudes en expurgar tu mente de cualquier recuerdo suyo.

No obstante, es un orgullo para mí, presentártelos, que aunque entre sus temas estén la elección y la selección, pecan más de abarcadores que de electivos o selectivos, y que a veces se dejan llevar de la mano de lo irreverente, más que de lo puramente académico.

Pero, sobre todo, gracias por tu confianza y gracias por tu disposición a leerlos.

Que como dice el poeta granadino Rafael Guillén:

Mi única certeza
es esta incertidumbre.

 

Postdata

¡Cuidado! Algunos asertos y párrafos contenidos en mis escritos, casi me atrevería a calificarlos de «imposturas»[1], si no fuese por lo grimoso del término y por lo ofendido que pudieras mostrarte, querido lector, ante la poca ortodoxia y quizás descomedimiento que pareciera yo demostrar, el autor[2] de tales fingimientos, por advertirte de forma general y no advertirte, en cada momento particular, y, sobre todo, porque tal calificativo responde a mis creencias en determinadas creencias ajenas. Aunque justo esto último pienso que es lo significativo: en ninguno de tales momentos asumo el protagonismo, me limito a impregnarlos con las opiniones de otros, eso sí, a veces, matizadas y, otras, de manera más rigurosa, al menos, aparentemente.

Te pido mis más sinceras disculpas, aunque te adelanto que trataré de proporcionar una explicación conveniente de su porqué, ¿llegado el desenlace?

 


  1. DRAE: «Impostura. (Del lat. impostūra)». […] «2. f. Fingimiento o engaño con apariencia de verdad».
  2. «San Buenaventura, fraile franciscano del siglo XIII, dijo que había cuatro formas de hacer libros: Un hombre podría escribir las obras de otros sin añadir ni cambiar nada, en cuyo caso simplemente era llamado un «amanuense» (”scriptor”). Otro escribe la obra de otros con adiciones que no son suyas; llamado un «compilador» (”compilator”). Otro escribe tanto obras de otros como suyas propias, pero con las obras ajenas en el lugar principal, haciendo añadidos de su mano con la intención de explicar; y se le llama «comentador» (”commentator”)… Otro escribe tanto su propia obra como las de otros, pero con su trabajo en el lugar principal añadiendo las ajenas con la intención de confirmar; y tal hombre se llamaría un «autor» (”auctor”)». —Elizabeth Eisenstein. ”La revolución de la imprenta en la Edad Moderna europea”. Madrid: Akal, 1983, p. 88”.
    ¿Y cuáles son las figuras en la actualidad?

Written by Juan Miguel León-Rojas

noviembre 2, 2015 a 4:40 pm

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